LA MUJER EN LA ANTIGUA GRECIA
La mujer en la antigua
Grecia era considerada como una eterna menor de edad, por lo que estaba
excluida de la vida publica. Desde el
nacimiento hasta su muerte, vivía bajo el control de los hombres (primero
su padre, luego su marido, su hijo si era viuda o su pariente más próximo
pariente). Su papel en la sociedad
era proveer futuros ciudadanos y proporcionarles una buena educación, pero
ellas nunca pisaban la escuela. Su formación estaba encaminada a ser una buena esposa y a tener hijos.
También, las madres y las abuelas las enseñaban las tareas de la casa y a tejer.
La ateniense de buena familia se
quedaba en su casa, y sólo salía para cumplir con sus deberes religiosos. Su
actividad era sólo de puertas adentro. La mujer quedaba reducida al
espacio doméstico, donde dirigía el trabajo de las sirvientas y preparaba los
alimentos. El trabajo físico era realizado por esclavas. Vivía cerrada en el gineceo, habitación o estancia que poseían
las grandes casas de la antigua Grecia, para uso
exclusivo de las mujeres de la casa y estaba situado en la zona
más apartada de la vivienda, lejos de la calle y de las zonas comunes. No asistían a los banquetes ni a espectáculos
teatrales, sólo a fiestas religiosas o funerales. Participaban en tres cultos: el culto de
la diosa Atenea , los misterios de Démeter y Perséfone, y la celebración de las
Tesmoforias. Las mujeres del pueblo trataban de aportar un complemento extra a
la economía familiar vendiendo productos agrícolas o artesanales, como aceitunas,
frutos, hortalizas, hierbas, tejidos, etc.
Las cualidades que se
admiraban en las mujeres eran el silencio, la sumisión y la abstinencia
respecto de los placeres masculinos. Tenía que dar hijos varones a su marido,
ser fiel, casta, ahorradora y poco comedora. Sus responsabilidades eran criar y
educar a los hijos, vigilar a los esclavos, tejer la ropa de la familia y planificar bien los gastos y el consumo de alimentos en la casa.
IRENE.
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